Todo el tiempo estoy cazando, voy en pos de sonrisas ajenas. La de un niño, que sonrie por naturaleza: es la presa más fácil, solo es cuestión de poner mi carnada: una sonrisa, a veces una cara chistosa, y ahi esta, enorme y prístina, fácil de cazar.
Me gustan las presas difíciles: personas que han tenido un mal día, personas con miradas indiferentes caminando por la calle. Es un trabajo más arduo, tengo que acechar, esperar el momento oportuno, soltar la frase adecuada, la sonrisa perfecta, cualquier mivimiento en falso y la presa se va... y no hay forma de recuperarla. pero la satisfacción es más grande cuando la presa fue difícil, cuando tuve que trabajar para atraparla.
Esta caceria es un buen deporte, la presa mejora su humor, alegra su día. Lo único que muere son las caras largas.
Yo en cambio, busco aquella sonrisa que me diga que me ha estado esperando desde siempre. Para rescatarla del mal humor, la agonía, la tristeza, la infelicidad, y algo de monotonía.
ResponderEliminarMuy lindo, eres buena. Podemos abrir un club "Recolectando sonrisas" y hacer una clasificación de las mismas. Me gusta cuando sonríes, por eso trato siempre de hacerte reír. No sólo para burlarme cuando imitas a pulgoso.
ResponderEliminarSi no por que en verdad necesitamos un poco de locura para vivir.
Marthika:
ResponderEliminarMe uno a tu cacería, pero debo ser astuto porque en algunos sitios he encontrado sonrisas que no son originales sino imitaciones baratas.
Gracias por este blog que me ha hecho sonreír (¿caí como presa tuya?).
Abrazo desde Nueva York.